Retrato de la violencia machista en Ceuta

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Retrato de la violencia machista en Ceuta: Mari Ángeles, María Arazuri y 279 casos activos

Ceuta/ Alicia Urbano.- Ceuta afronta una semana marcada por la lucha contra la violencia sobre la mujer y lo hace con una mezcla de preocupación y determinación. Según el Instituto Nacional de Estadística, Ceuta tiene la segunda tasa más alta de víctimas de violencia de género a nivel nacional. En 2024, 3,3 víctimas por cada 1.000 mujeres.

La ciudad suma en este 2025 cerca de tres centenares de casos activos de violencia de género bajo el sistema VioGén, a fecha 31 de octubre. Una cifra que apenas varía mes a mes. Refleja una realidad constante: la violencia machista sigue golpeando con fuerza en un territorio reducido, donde el impacto social de cada episodio se amplifica. Las instituciones lo saben y, por eso, el 25N no es solo una fecha señalada en el calendario, sino un recordatorio de que aún queda mucho por hacer.

En octubre de este año, el Sistema de seguimiento integral en los casos de Violencia de Género registra 279 casos activos sometidos a seguimiento policial, lo que supone un incremento del 3,7 por ciento respecto al mismo mes de 2024. En su mayoría se clasifican como riesgo bajo -213-, aunque existen 62 de riesgo medio y 4 de alto riesgo. De ese total, 187 mujeres cuentan con protección activa de la Policía Local.

Números que van más allá de las estadísticas: representan víctimas, hogares, barrios, relaciones interrumpidas, futuro en suspenso. Y también constituyen un telón de fondo difícil para historias tan reales como la de Mari Ángeles Lozano, asesinada en marzo de 2022 a manos de su marido, condenado en julio de este año a 35 años y medio de prisión. No constaba ninguna denuncia previa. Una historia que ahora resuena con más fuerza en el contexto del 25N, cuando la ciudad vuelve a poner en el centro del debate público la urgencia de erradicar la violencia machista.

En los casos en los que sí se presentan denuncias de malos tratos, los órganos judiciales dictan la condena o absolución del acusado. Según los últimos datos publicados por el INE, durante el año pasado se resolvieron en Ceuta 121 procedimientos por violencia de género, una cifra que refleja el volumen real de asuntos que llegan a la vía judicial.

En lo referente a las infracciones penales registradas en Ceuta, la estadística recoge 82 casos de lesiones, 17 episodios de amenazas, cuatro situaciones de coacciones, 21 delitos relacionados con torturas o atentados contra la integridad moral y dos agresiones sexuales. Estos datos ofrecen una imagen más precisa de la variedad y gravedad de los delitos vinculados a la violencia de género en la ciudad.

Pero más allá del dolor y las cifras, hay quienes tratan de traducir justicia en esperanza. Entre ellas, la fiscal María Arazuri, recientemente galardonada con los premios Premios Meninas 2025, de la Delegación del Gobierno, por su compromiso con la defensa de las víctimas y su labor en casos como el de Mari Ángeles. Su papel en la causa, reconocido públicamente, representa para muchas mujeres de Ceuta la posibilidad de que el sistema judicial —aun con sus limitaciones— pueda responder con firmeza cuando se rompe el silencio.

Este escenario local pone de manifiesto lo que no es posible narrar con datos, las voces muchas veces silenciadas, y la necesidad de situar en el centro del debate -no solo el 25 de noviembre, sino cada día del año- que la violencia de género es un asunto urgente.

Herramientas y recursos digitales

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HERRAMIENTAS Y RECURSOS DIGITALES. PEC3

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Proceso de elaboración del vídeo y decisiones editoriales

Mi pretensión ha sido concebir este vídeo como un ejercicio práctico para reflexionar sobre la importancia de la verificación de datos en el trabajo periodístico, especialmente en contextos de conflicto armado como el de Gaza. El punto de partida ha sido un bulo real y ampliamente difundido —la supuesta decapitación de cuarenta bebés por parte de Hamás— que resulta especialmente significativo por haber sido amplificado en un primer momento por fuentes oficiales y medios internacionales, y posteriormente no haber podido ser verificado.

He elegido este bulo porque creo que es un caso complejo y sensible, que demuestra perfectamente la obligación del periodista de extremar el cuidado informativo. No se trata de un ejemplo más de desinformación en redes sociales, sino de un contenido que llegó a formar parte del discurso público y político. Precisamente por ello, el enfoque del vídeo no se centra en el impacto del bulo, sino en el proceso de verificación y en la toma de decisiones editoriales que debería guiar el trabajo periodístico.

He intentado plasmar de manera clara y didáctica cómo actúa una redacción responsable ante un contenido viral no verificado. El objetivo ha sido mostrar que el periodismo ético no consiste únicamente en publicar información, sino también en saber frenar, contrastar y, llegado el caso, decidir no publicar.

Proceso de elaboración y verificación

Inicié esta segunda parte del tercer reto con el análisis del contenido del bulo y de su difusión; examinando el origen de la información y la ausencia de una investigación periodística independiente que respaldara la afirmación. A partir de ahí, llegué a la constatación de que nunca existieron imágenes, vídeos ni informes verificables que confirmaran el hecho concreto que se difundía.

Posteriormente, hice una búsqueda de medios y agencias internacionales de referencia, como Reuters, Associated Press o la BBC, comprobando que ninguna de estas fuentes había podido verificar la información y que, incluso, con el paso de los días, la afirmación inicial fue matizada o retirada por distintos medios, no porque no existiera violencia en el conflicto, sino porque ese dato concreto no podía demostrarse.

Además también acudí a plataformas especializadas en fact checking, como Maldita.es, EFE Verifica y Newtral. Estos recursos han sido fundamentales para contrastar el bulo seleccionado, ya que ofrecen análisis previos, contextualización de declaraciones y seguimiento de desinformaciones ampliamente difundidas.

La estructura del vídeo persigue el objetivo de que el espectador comprenda que la verificación no es un gesto puntual, sino una cadena de decisiones basada en el contraste de fuentes, el análisis del lenguaje y la ausencia o presencia de pruebas.

Herramientas utilizadas

Para la grabación del vídeo he utilizado Blackmagic Cam, una aplicación que me permite un mayor control sobre la imagen que la cámara convencional del teléfono móvil.

La edición la he realizado con CapCut, una herramienta que me permite trabajar de forma precisa el montaje, los cortes y la inserción de rótulos e imágenes de apoyo. He optado por una edición sencilla, sin efectos llamativos ni música emocional, priorizando la claridad del mensaje y el ritmo para facilitar la comprensión del proceso de verificación.

Para la locución he utilizado una aplicación de teleprompter, que ha resultado clave para mantener un discurso ordenado, fluido y ajustado al tiempo previsto.

Decisiones narrativas y de edición

Una de las principales decisiones editoriales fue elegir un plano principal fijo, acompañado de imágenes de apoyo breves. Este planteamiento busca evitar el cansancio visual sin recurrir a recursos que puedan amplificar el bulo o generar impacto innecesario. Las imágenes utilizadas son simbólicas o explicativas —titulares recortados, texto en pantalla, referencias a herramientas de verificación— y nunca muestran el contenido falso de forma íntegra.

También he pretendido mantener un tono sobrio y contenido, que se aleje deliberadamente de un lenguaje emocional o sensacionalista. Por ello, descarté el uso de música, efectos sonoros o transiciones llamativas que pudieran condicionar la interpretación del espectador.